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Estuvimos pedaleando en Bruselas

8 noviembre, 2013

El despertador sonó temprano, las maletas estaban listas en pasillo y el autobús que nos llevaría al aeropuerto estaba a punto de llegar a la parada de debajo de casa, un viaje emocionante estaba a punto de comenzar.

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La gente tiene un concepto poco halagador de Bruselas, tengo que reconocer que antes de ir yo tampoco albergaba esperanzas de que fuese un ciudad interesante, pero todo cambio nada más llegar allí. El aeropuerto está a 20 minutos en tren del centro y cuesta solo 5€, se agradece tener buena conexión, rápida y económica cuando llegas a una ciudad (todavía me duelen  las 20 libras desde Gatwick). Bruselas tiene tres estaciones de tren: Norte, Central y Sur, todas ellas a pocos pasos del centro y bien integradas en la ciudad.

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Una vez dejamos las maletas en el hotel comenzaron de verdad nuestras vacaciones. Paseando por sus calles, tanto a píe como en bicicleta, uno se da cuenta de que Bruselas es una ciudad más bien pequeña, con amplias avenidas y muy limpia; puede que nos llevásemos  esa impresión por las fechas, menos turísticas que en verano y por lo tanto con poca gente. La capital Belga esconde perlas como la Grand Place de la que dicen que es el conjunto arquitectónico del Siglo XVII más bello de toda Bélgica. La urbe tiene bonitos parques y plazas, buenos museos como el de Bellas Artes, el de música o el del comic (donde Tintín parece un héroe nacional). La  comida es buena pero donde realmente parten el bacalao es en la cerveza, de las que cogimos buenas referencias, no solo de pedales vive el hombre, claro. Probamos el famoso chocolate belga, amargo y dulce a la vez y nos comimos un gofre caliente mientras veíamos al Manneken Pis con su eterna micción.

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Bruselas dispone de una muy buena red de carril bici, a veces un poco caótico, ya que hay zonas compartidas con los vehículos a motor, pero en general más anchos y seguros de lo que estamos acostumbrados por estos lares… Con todo contribuye el que la bicicleta está totalmente integrada en la ciudad y la mente de sus ciudadanos,  el ciclista respeta y es respetado y eso se nota a la hora de pasear tranquilos por sus bellas calles. La ciudad dispone de un servicio público de bicicletas muy parecido al de París llamado Villo, dispone de 150 puntos donde puedes coger o dejar la bici y están separados unos de otros a menos de 500m. El sistema funciona muy bien durante las 24h del día y lo mejor es que está también pensado para las personas que vayan a pasar unos días, puedes pagar con tarjeta y alquilar por horas, por días o por semanas (además del abono anual).  Existen también varios negocios de alquiler de bicicletas y algunos hoteles ofertan este servicio en sus reservas.

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A 100 kilómetros se encuentra Brujas, conocida como “La Venecia del Norte”. Desde Bruselas la mejor forma de ir es el tren, pero si tenemos tiempo hacerlo en bicicleta es una manera genial de descubrir el paisaje belga, con grandes prados y bonitos caminos arbolados. Brujas es un pueblecito encantador que ha mantenido su imagen medieval a lo largo de los años, lo que le da una imagen de cuento. Brujas es ideal para recorrerlo en bicicleta, de hecho es el medio de transporte más usado por los lugareños, la ciudad dispone de un carril bici que la recorre entera, pasando por grandes parques y atravesando canales con bonitos puentes. Podemos llevar la bici desde Bruselas o alquilar allí una durante todo el día.

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Después de cuatro días dejamos atrás Bruselas, nos llevamos la sensación de que es una ciudad funcional y moderna, que conserva sus tradiciones y que ha sabido adaptarse a los tiempos (quizás el ser capital de Europa les ha hecho ponerse las pilas). Esperamos volver pronto para seguir descubriendo sus rincones sobre dos ruedas. A pedalear!

 

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